Mis vacaciones en Lisboa.
Mi estancia en Lisboa ha sido de 6 noches, aunque si dispones de alguna menos, no es inconveniente para poder conocer esta ciudad.
La situación de mi hotel (Florida) era junto a la plaza del marqués de Pombal, desde donde en apenas 10 minutos andando se puede llegar a la plaza de Rossío considerada el centro de Lisboa.
Lisboa tiene un antes y un después del terremoto de 1755. En él, la parte baja de la ciudad quedó totalmente destruida, siendo reconstruida de nuevo por un proyecto que ha dejado esta parte baja con calles lineales que son las que existen hoy en día y que rodean a la plaza del Rossío. Este devastador terremoto (Lisboa ha sufrido bastantes pero ninguno como este) no fue en la propia ciudad, sino en el océano Atlántico, y su magnitud fue tal que hubo un tsunami que ocasionó víctimas en la cosa de Cádiz y algún desperfecto en la catedral de León, distante unos 700 kilómetros.

La ciudad está dividida en barrios, cada uno con su atractivo particular. Baixa es el barrio de la parte baja de la ciudad y es donde se encuentran la plaza de Rossio, la plaza del comercio, la estación de tren de Rossio, la calle Augusta, la calle del oro... Es la zona comercial de la cuidad, y está surcada por la avenida de la libertad (liberdade) desde marqués de Pombal hasta la plaza de Rossío y desde esta, la calle de oro y Augusta hasta la plaza del comercio, que está junto al río.
Si miramos al Tajo (que a estas alturas ya es una ría muy ancha y que en portugués se llama Tejo), a nuestra derecha tenemos el barrio de Chiado y el bairro alto. Como su nombre indica, ambos están después de subir unas cuestas considerables, cosa que te puedes ahorrar utilizando cualquiera de los elevadores. Uno de los elevadores es el de Santa Justa (una especie de ascensor) que en poco más de un minuto te sube. Los otros elevadores son tranvías que también llegan a la parte alta en muy breve espacio de tiempo. El barrio de Chiado también fue destruido, esta vez por un incendio, en 1988, pero ha sido construido y actualmente es la zona de Portugal con el metro cuadrado más caro. Ambos barrios tienen iglesias espectaculares, calles estrechas, edificios preciosos y sitios tan típicos como la cervecería da Trinidade (antiguo convento donde se puede tomar un aperitivo o comer) o la brasileira (cafetería de más de 100 años donde se sentaba el escritor Fernando Pessoa). También tiene un mirador con muy buenas vistas en su parte más alta.
A la izquierda de Baixa, está el barrio de Alfama. Donde está la Sé (catedral) que sigue pendiente de rehabilitación y que se construyó sobre un lugar en el que hubo una calzada romana y una mezquita árabe (en el claustro, donde se puede entrar pagando unos 5 euros) se pueden contemplar la excavación que ha dejado estos restos al descubierto. Frente a esta catedral está la iglesia de San Antonio (patrón de Lisboa).
En lo alto de este barrio tenemos el castillo de San Jorge, patrón de Portugal, desde donde se puede admirar una vista formidable de toda la ciudad. Las calles de este barrio son estrechas, empinadas y con un encanto sin igual.
Es muy típico hacer un recorrido por la ciudad en el famoso tranvía 28, que te lleva desde Alfama (parte alta izquierda de la ciudad) hasta más allá del barrio alto (parte derecha de la ciudad) y viceversa. Es un tranvía destartalado, pequeño, que los lisboetas conocen como "el eléctrico" (se mueve con esa energía) y en el que hay que tener un cuidado extremo con los carteristas que con mucha habilidad se dedican a robar a los turistas dentro del tranvía o en las paradas. También se puede coger un barco y cruzar a la otra orilla del río donde se puede comer muy bien (Porto Brando) o comprar buen vino.

También dentro de la ciudad, pero a unos pocos kilómetros del centro y hacia el oeste (a la derecha si miramos hacia el Tajo) se encuentra el barrio de Belem. Este barrio es, prácticamente todo, terreno ganado al río. El monasterio de los Jerónimos estaba junto al río, y ahora está a más de medio kilómetro de la orilla.

En este barrio destacan la torre de Belem (antiguo presidio), el monumento a los descubridores (se puede subir y ver una panorámica preciosa) y el monasterio de los Jerónimos. En este monasterio se puede visitar la iglesia (que es muy bonita y tiene la entrada libre), el claustro (y desde allí se puede subir al coro de la iglesia) y junto a ellos está el museo de la Marina y el del automóvil. Junto al monasterio se encuentra la pastelería de Belem, fundada en 1837 y que los fines de semana llega a elaborar más de 60.000 pasteles de nata con su fórmula secreta que los hace incomparables.
Yendo hacia el norte (en el sentido contrario al Tajo) encontramos el parque de Eduardo VII, al que se llamó así conmemorando una visita del rey inglés de ese nombre. Muy cerca de ahí se puede también visitar el famoso museo Gubelkian.
En los alrededores de Lisboa se encuentran Estoril (a destacar el casino) y Cascais (prácticamente pegado a Estoril). Continuando hacia el oeste, llegaremos al cabo de Roca, que es el punto mas occidental de Europa.
Muy cerca de Lisboa está Sintra, pequeña ciudad en la montaña en el que se puede destacar el palacio de la Villa, sus calles estrechas y empinadas y los pasteles de Piriquta que son exquisitos (los más famosos son los traveseiros y las queijadas de Sintra). En lo alto de la montaña de Sintra se encuentran el palacio Da Pena (antiguo convento que los últimos reyes de Portugal convirtieron en palacio). El palacio es espectacular con unas vistas de los bosques de alrededor impresionantes. También se encuentra en esa zona el castillo de los moros (castelo dos mouros), desde donde también se puede ver una panorámica magnífica.
Muy cerca, está el monasterio de los Capuchos, excavado en piedra. Las condiciones de vida de estos monjes debían ser durísimas en un sitio oscuro, húmedo, estrecho, con las puertas muy bajas, sin ninguna comodidad... Está enclavado dentro de un parque natural (al igual que el palacio Da Pena y el castillo dos Mouros).
De vuelta a Lisboa, encontramos la ciudad de Queluz, que actualmente se ha convertido en una ciudad dormitorio de Lisboa y que dispone del palacio real, de estilo rococó, que fue también habitado por los últimos reyes de Portugal.
Brevemente, esto es lo que yo vi en mi estancia en Lisboa, una ciudad donde la gente es amable, casi todo el mundo en los lugares turísticos hablan español, donde la repostería es exquisita (la perdición de los golosos), hay multitud de museos interesantes, hay mil maneras de preparar el bacalao...
Me ha sorprendido muy gratamente esta ciudad, que os recomiendo visitar.
Entrada publicada por
Marcos Lopez